Archive for 30 noviembre 2010

Marca personal y castells

Infografía de Ramon Curto

Como sabéis, hace pocas semanas la UNESCO designó los castells como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Nos parece una ocasión singular para establecer un símil con la creación de marcas personales.

Los Castells son una manifestación festiva típica de Catalunya, de más de 200 años de antigüedad. Consiste en el levantamiento de torres humanas formadas por la superposición de diversos niveles (entre 6 y 10). Los castells son erigidos por grupos de hombres y mujeres de todas las edades, llamados collas. Los castellers lucen una vestimenta tradicional característica y cada colla se diferencia por el color de la camisa que visten sus miembros.

El levantamiento de cada castell va acompañado de una música característica, interpretada con un instrumento de viento llamado gralla, que va marcando el ritmo del desarrollo de la construcción. Es habitual que el público asistente a esta clase de exhibiciones se incorpore voluntariamente a la base humana sobre la que se levantan los castells, formada por decenas de personas.

La pinya: El secreto de los castells es parecido al secreto de la construcción de la marca personal: mucha base, lo que se llama “la pinya”. Un grupo importante de castellers, que no se ven, forman los cimientos, la base para que el castell aguante. En la marca personal esa base sería el autoconocimiento, el análisis de la situación actual, la detección de habilidades y competencias. Se puede profundizar mucho en la base, reforzarla; en los castells este refuerzo recibe el nombre de folre.

El tronc o columna central: a medida que crean nuevos niveles sobre la base, disminuye el peso de los castellers, facilitando así que cada persona pueda aguantar en equilibrio el peso de otras personas. En la marca personal la columna central es la estrategia, la hoja de ruta, lo que define con todos los matices hacia dónde queremos ir, los plazos, las metas parciales.

El pom de dalt: es la parte más visible del castells, la que emerge con toda la fuerza y con un alzamiento de brazo de l’enxeneta nos indica que todo ha ido bien. Es la metáfora de la cima. En marca personal esta figura está representada por las herramientas que facilitan la visualización de la persona, artículos en diarios, las charlas o debates públicos, el estilo, el networking, la presencia en blogs, en redes sociales…

No confiéis nunca en quien se autodenomina “gurú”, en quien cree que la marca personal es abrir una cuenta en Linkedin o quien piense que todo se resuelve con un blog. La marca personal necesita estas tres fases, igual que un castell, y eso lleva trabajo, dedicación y tiempo. Preguntad a una colla castellera cuántas horas entrenan antes de levantar un castell: todas.

¿Qué pondrías en tu esquela?

Por alguna razón que desconocemos,  las esquelas las escriben otros. Y escriben lo que ellos quieren y lo que marca un protocolo familiar. Pocas veces se refleja el legado emocional de quien se ha marchado. Fijaros en las fórmulas más comunes:

“Ha muerto cristianamente en Madrid a la edad de 86 años. Su esposa, hermanos, hijos y nietos ruegan una oración por su alma. El funeral será mañana en tal sitio”

“Ha muerto el 13 de abril de 20o9. Su esposa tal, sus hijos tal, tal, tal y tal, hijos políticos tal, tal, tal y tal, sus sobrinos, nietos y toda la familia os transmiten tan sensible pérdida. La ceremonia de despedida tendrá lugar en el tanatorio de tal, mañana a tal hora.”

Hay unos datos que casi nunca aparecen: cuál fue la huella que dejó esa persona en su entorno, ya sea familiar, de amistades o laboral. Cuál era su pasión, qué le mantuvo motivado durante más de 80 años. De qué murió.

¿Por qué? ¿Cómo es que estos datos, los más importantes, están reservados a esquelas de gente famosa? ¿Por qué se les llama finados, fallecidos, traspasados? Resulta que durante 86 años has sido persona y por que el corazón deja de latir pasas a ser finado. Qué triste herencia la de un instante.

Ahora imaginemos por un momento que la esquela la pudiéramos escribir nosotros. Sería fantástico poder reflejar lo que intuimos que ha sido nuestra marca personal, sería fantástico poder obviar a parientes que no hemos visto en los últimos 40 años y que nos importan un soberano pito. Sería fantástico expresar emociones, lo que nos ha ayudado a vivir, a quién hemos amado, el plato que nos gustaba más. Sería fantástico recordar a los amigos, los que nos han importado mil veces más que muchos familiares. Sería fantástico recordar a profesores, compañeros de colegio, de mili, de facultad.

Reconocemos que sería todo un reto, ya que las esquelas de los periódicos funcionan por palabras, y eso ya se sabe que cotiza caro. Sería casi como escribir un “twit” de 140 caracteres, o un anuncio de Adwords. Veamos dos esquelas que reflejarían bien una marca personal. En versión larga y en corta:

“Algún día os tenía que dejar, esto no dura eternamente amigos míos. No me quejo. Más de 80 años en que nunca he faltado a mi partidita de dominó con Pedro, Juan, Carmen, María y Pepa. Más de 80 años tomando el mejor bacalao del mundo en compañía de María, mi amor de siempre. Más de 80 años riéndome de las canalladas de los compañeros del cole y de los profesores. Más de 80 años disfrutando de todos vosotros, sin odiar a nadie. Un montón de años trabajando en mi paradita del mercado, conociendo a todo tipo de personas. No se puede pedir más. Os querré siempre, ahí donde estéis. Si queréis venir a saludarme llamad a Marta o a Silvia, mis hijas queridas a las que envío un millón de besos. Tomás, el rey del bacalao.”

“Dejo de latir, pero os dejo el recuerdo de mis partidas de dominó, mi bacalao y mis hijas divinas. Os seguiré desde arriba #tomasbacalao”.

500 millones de marcas personales. Poca broma.

Si no la habéis visto ya os recomendamos ir a ver La red social, la película sobre Facebook del autor de “El club de la lucha” David Fincher.

No es una película de corte documental. Para empezar, la rodea el morbo y la polémica de no estar autorizada por el creador de Facebook, Mark Zuckerberg. La ambición, la traición y la soledad son los ingredientes de la historia de  un universitario de Harvard con pocas habilidades sociales y mucho talento informático que está dispuesto a todo por conseguir su objetivo, si bien ni siquiera él mismo parece tener claro de qué se trata.

En el complejo camino hacia el éxito, Zuckerberg toma decisiones difíciles y de ética cuestionable, lo que hace que la película se enriquezca con unos diálogos sublimes.

El argumento se apoya en las batallas legales sobre la propiedad de la red social a las que se enfrentó Zuckerberg años después de crear Facebook en su habitación de Harvard y que le obligaron a pagar decenas de millones de dólares para evitar que las disputas llegaran a los tribunales.

Más allá de la película, lo que es cierto es que Facebook controla más de 500 millones de marcas personales, algunas con perfiles más completos que otras. Eso no es ninguna broma, es el mayor tablón de anuncios de la historia.

Aquí os dejamos un trailer de la película: