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El gran día de la Patata Frita

La Escuela de Salud Pública de Harvard ha llevado a cabo una importante investigación sobre el origen del aumento gradual de peso en los adultos. En realidad no hay nada nuevo bajo el sol: carnes rojas y procesadas y cereales refinados se llevan la palma. Pero hay un dato que me llama poderosamente la atención: El alimento que más engorda son las patatas fritas (seguidas de las chips). Esto va en serio. Los resultados del estudio se presentaron el mes pasado en la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine.

A partir de este momento a las autoridades sanitarias de todos los países se les abren tres posibles escenarios en cuanto a el tratamiento a dar a la patata frita:

  1. Campañas contra el consumo “abusivo” de patatas fritas dirigidas al gran público
  2. Campañas contra el abuso dirigidas a los colectivos médicos, nutricionistas, grandes multinacionales de alimentación, escuelas, hospitales…
  3. Un tratamiento lateral hacia la patata frita
Creo que los dos primeros escenarios no requieren grandes explicaciones:


El escenario 1 sería el lógico, el de la reacción en caliente del político falto de ideas. Una gran campaña a escala nacional -o internacional- parecida a la de “El tabaco mata” con fotos macabras de órganos pútridos, culpabilizándonos a todos por la ocurrencia insana de comer ¡Patatas fritas! En esta campaña nos hartaríamos de ver datos sobre cómo engorda regularmente un adulto y se encamina hacia una muerte silenciosa derivada de las enfermedades que acarrea la obesidad: infartos, cánceres de todo tipo, desórdenes intestinales diversos, daños irreparables en el esqueleto óseo por sobrecarga etc.


El escenario 2 ya nos identifica a un político más inteligente, que antes de actuar en caliente sopesa la reacción que tendrían los distintos colectivos, una posible evolución desfavorable del voto, y estas cosas tan importantes que hay que medir antes de lanzar el bombazo. Esta es una campaña más discreta, que llega de forma indirecta al consumidor final, y que utiliza la figura de los prescriptores para tratar de poner freno a la patatofilia creciente. Los médicos recibirían un dossier de las autoridades sanitarias con un conjunto de recomendaciones para las familias alrededor de la moderación del consumo de patatas fritas, alimentos alternativos, pautas dietéticas, tests etc.


Pero… ¿Qué pasa con el escenario 3?, ¿Qué diantres significa eso de un tratamiento lateral a la patata frita?


Mirad, normalmente estas ideas las suelo cobrar, pero resulta que de pequeño YO era el tipo que se comía las patatas fritas de los otros tres compañeros de cole de mi mesa que no las querían. A cambio, claro está, yo podía deshacerme del bistec suelazapato o de la coliflor reciclada del día anterior. Era un buen deal. Yo era tan patatero que no me importaba que las paratas fritas fuesen de ínfima factura. Vaya, que el tema de la patata frita me ha tocado el tuétano. Y por eso hoy me siento generoso al regalar a las autoridades esta idea que ahora expongo:


EL GRAN DÍA DE LA PATATA FRITA:


Antecedentes : Existe un consumo regular de patatas fritas muy extendido en la población occidental del planeta. Además de su uso casero, la patata frita se ha colado en todos los restaurantes de comida rápida,  los belgas las toman con mejillones, los ingleses con pescado y en España, sin ir tan lejos, se han popularizado gracias a Casa Lucio los huevos estrellados, una fórmula única para cobrar de 12 a 20€ por un plato de huevos fritos con patatas fritas (adoro el marketing).


Situación actual: Ese consumo desbocado de patatas fritas ha sido uno de los mayores responsables de la obesidad adulta,  y eso se debe, según el estudio aludido, a que “los almidones y los carbohidratos refinados tienen efectos similares a los azúcares en el organismo. Son absorbidos rápidamente, provocan picos de glucosa e insulina en la sangre y no inducen las señales de saciedad de manera tan eficaz como otros alimentos. Por todo ello, incitan a comer más en la siguiente comida”.


Objetivo de un planteamiento lateral hacia la patata frita: Conseguir la reducción del consumo por vías menos impositivas que las mencionadas en los escenarios 1 y 2.


Estrategia lateral: Implantación de un día al mes dedicado a la patata frita. Título de la campaña: EL GRAN DÍA DE LA PATATA FRITA.


Hoja de ruta básica:


  • Se trata de convertir el consumo de patatas fritas en un consumo de producto de lujo, como el salmón noruego, la ostra gallega, el caviar ruso o la trufa blanca de Alba.

  • Los restaurantes celebrarían el GRAN DÍA DE LA PATATAtodos al mismo tiempo, y crearían las recetas más originales y sabrosas alrededor de la patata frita: patatas bravas, patatas fritas con jamón, con huevos, con sofrito, frías, calientes, templadas, con chorizo, con fritura en frío, tortilla de patatas, desconstrucción de patata frita, patatas rotas, patatas con piel, con sal maldon, con pimientas surtidas, con cebolla acaramelada, con tomates raf, brocheta de patatas fritas con cebollas y frankfurt, patatas fritas en tempura…

    Bogavante con patatas fritas ¿Por qué no?


  • El precio ha de ser algo alto, pero sin pasarse. Por supuesto, no entrarían en el menú.

  • Jose Mari Arzak competiría con los hermanos Roca, con Adriá y con nuestros cocineros excelentes para presentar el mejor manjar a base de patatas fritas. Los mismos ilustres puntuarían las creaciones de amos y amas de casa que se hayan atrevido a crear un plus con la patata frita. ¿No recordáis la genial invención de Ferrán Adriá de la tortilla de patatas chips?

  • La guía Michelin haría una mención especial a los restaurantes que preparen las mejores patatas fritas.

  • Los cáterings de los restaurantes de colegios, hospitales y residencias se dignarían, por una vez al mes, a preparar bien las patatas fritas.

  • Se crearían “pataterías” que posiblemente sustituirían a las creperías.

  • Nosotros, los amantes de la patata frita, estaríamos contando los días para quedar con nuestros mejores amigos y elegir restaurante o casa para degustar la patata durante el GRAN DÍA DE LA PATATA FRITA.

Efectos negativos ¿A quién le puede ser negativo el GRAN DÍA DE LA PATATA FRITA?


Siempre hay que mirar 360º. Es cierto que puede haber colectivos perjudicados, pero menos de lo que parece.


Por ejemplo, los campesinos ¿Qué van ha hacer con las toneladas de patatas que producen ahora? A la corta es un problema, pero pensemos que a la larga sustituirán el consumo de patata por el de otros productos más saludables, como zanahorias, tomates, remolacha, cebolla… Los resaturantes de comida rápida necesitarán encontrar rápidamente un sustitutivo de la patata frita y ahí caben recetas interesantes a base de vegetales, ya sean a la plancha, fritos o como se quiera.



¿Y los fabricantes de chips, las patatas de bolsa?. Aquí la cosa es algo más complicada, pero puede tener buenas soluciones a la larga. Por ejemplo, podrían envasar (ya existen) combinaciones de vegetales fritos o al horno y esperar al GRAN DÍA DE LA PATATA FRITA para llenar mercados y bares de bolsas de chips. Eso sí, en contraprestación les pediría que por favor eliminen esas patatas con sabor a jamón, a cebolla, a pimienta. Todas saben a glutamato y adulteran el geniuno sabor de una chip.


Conclusión: ¿Una locura? Posiblemente. Pero aumentaríamos el valor percibido de la patata frita, elevándolo a “artículo de lujo” y por tanto con un consumo más ocasional. Conseguiríamos patatas fritas de mayor calidad, de cultivo ecológio, y fritas en un buen aceite de oliva. ¿Serían más caras? Por supuesto. ¿Os que nos regalan las ostras, el caviar o el foie gras?. Pero lo que conseguiríamos, sobre todo, es desear que llegue el gran día de la patata frita.
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